¿Cómo saber si tengo un trastorno alimenticio?

La pregunta aparece cada vez más en consultorio y en búsquedas online. Muchas personas comienzan a sospechar que algo no anda bien en su relación con la comida, pero no saben cómo nombrarlo. Desde el inicio, es importante decirlo con claridad: los trastornos alimenticios no siempre se ven como en las películas ni empiezan con síntomas extremos. A veces comienzan de manera silenciosa, en pequeñas conductas o pensamientos cotidianos que se vuelven constantes y difíciles de soltar.

Imaginemos a Lucía, 32 años. Por fuera, lleva una vida ordenada: trabaja, sale con sus amigas, hace ejercicio. Pero en silencio, pasa de días de control absoluto sobre la comida a momentos de descontrol donde siente que “pierde la cabeza”. Después llega la culpa, la vergüenza, la promesa de “mañana empiezo de cero”. Ese círculo, repetido una y otra vez, empezaba a ocupar cada vez más espacio en su vida emocional.

Su historia no es rara. En realidad, es una de las más frecuentes cuando hablamos de trastornos alimenticios y de cómo se viven desde dentro: con confusión, angustia, exigencia y miedo.

En este artículo vas a encontrar una guía clara para identificar señales, entender la raíz emocional del problema y conocer cómo la psicoterapia psicoanalítica —y la terapia focal— pueden ayudarte a recuperar un vínculo más sano con el alimento y con vos mismo.


¿Por qué mi relación con la comida se vuelve tan difícil?

La comida ocupa un lugar especial en nuestra vida emocional. No es solo alimento: es consuelo, refugio, celebración, compañía, alivio. Por eso, cuando hablamos de trastornos alimenticios, también hablamos del modo en que sentimos, pensamos y nos relacionamos con nuestro propio cuerpo.

Las dificultades en la conducta alimentaria pueden surgir por múltiples factores:

✓ Emociones intensas sin espacio para expresarse

Muchas personas describen que comen para calmar la ansiedad, llenar un vacío o bajar la tensión. La comida aparece como una forma de regular emociones que todavía no encuentran palabras.

✓ Exigencias internas y externas

Vivimos en una cultura que asocia el valor personal al cuerpo, al peso y a la imagen. Esto puede crear una presión constante que, en algunos casos, lleva a dietas extremas, restricciones sostenidas o episodios de atracones.

✓ Historia personal

La forma en que aprendimos a vincularnos con la comida en la infancia influye más de lo que imaginamos. Mensajes como “tenés que terminar el plato”, “el postre es premio” o “cuidado con engordar” pueden marcar profundamente nuestro vínculo con el alimento.

✓ Conflictos emocionales no resueltos

Desde el psicoanálisis, entendemos que lo que se expresa en el cuerpo y la comida muchas veces tiene que ver con aspectos inconscientes: pérdidas, duelos no elaborados, miedo al descontrol, necesidad de protección o intentos de sostener una sensación de control interno.

Cuando la relación con la comida empieza a causar sufrimiento, interferir con la vida cotidiana, generar culpa o tomar demasiado espacio mental, es importante prestar atención. No siempre significa que existe un diagnóstico formal, pero sí que hay algo que pide ser escuchado.


¿Cómo reconocer señales tempranas de trastornos alimenticios?

No siempre es obvio identificar un trastorno alimenticio. A veces se esconde detrás de hábitos que parecen “saludables”, pero que en realidad están cargados de angustia, rigidez o culpa.

Aquí van algunas señales que pueden ayudarte a orientarte:

1. Pensar en la comida todo el día

Planificar, contar calorías, revisar constantemente qué vas a comer o cuánto “te podés permitir”.

2. Alternar entre restricción y atracón

Pasar de períodos de control estricto a momentos de comer impulsivamente, muchas veces sin hambre física.

3. Culpa o vergüenza después de comer

Sentir que fallaste, que perdiste el control, que no deberías haber comido eso.

4. Uso emocional de la comida

Comer para calmar ansiedad, tristeza, soledad o estrés. Esto se conoce como alimentación emocional.

5. Miedo intenso a engordar

Incluso cuando las otras personas dicen que tu cuerpo está bien.

6. Evitar comer frente a otros

O sentir la necesidad de compensar todo lo que comiste.

7. Ejercicio excesivo

No por salud, sino como “castigo” o forma de compensar la comida.

8. Vergüenza del cuerpo

Una relación permanente de lucha, rechazo o incomodidad con la propia imagen.

Identificar estas señales no significa que debas diagnosticarte, sino que vale la pena detenerte y preguntarte qué está sucediendo en tu relación con la comida, con tu cuerpo y con tus emociones.

Si querés conocer más sobre cómo trabajo en el consultorio, podés leer: Psicoterapia focal psicoanalítica o Terapia para adultos.


¿Qué puede aportarme la psicoterapia en este proceso?

Si estás atravesando dificultades en tu conducta alimentaria, la psicoterapia psicoanalítica puede ofrecerte un espacio profundo para comprender lo que está detrás.

✔️ Trabajar la raíz emocional

Los trastornos alimenticios suelen ser señales de un conflicto emocional que aún no encontró palabras. La terapia ayuda a descubrir ese mundo interno que se expresa a través del cuerpo y la comida.

✔️ Comprender la función de la comida

¿Qué estás intentando resolver cuando comés?
¿De qué te estás defendiendo cuando restringís?
¿Qué emoción se vuelve intolerable cuando aparece el atracón?

La psicoterapia ayuda a darle sentido a ese mecanismo.

✔️ Recuperar un vínculo más sano con el alimento

No se trata de “comer bien”, sino de restituir una relación no atravesada por culpa, miedo o exigencia.

✔️ Caso hipotético

En el caso de Lucía, vimos que la comida funcionaba como una forma de regular un vacío emocional que se despertaba cada vez que sentía que decepcionaba a alguien. Durante la terapia, pudo ver que su autocontrol extremo no era disciplina, sino miedo a no ser suficiente. Cuando empezó a poner en palabras ese dolor, los episodios de atracones disminuyeron.

Ese es el tipo de transformación que ocurre cuando la relación con la comida empieza a tener otro sentido.


¿Cómo trabaja la Terapia Focal en los trastornos alimenticios?

La Terapia Focal se centra en un conflicto emocional específico y lo aborda en un tiempo más acotado. En el caso de los trastornos alimenticios, suele enfocarse en identificar el núcleo del problema: por ejemplo, el miedo al abandono, la dificultad para regular emociones intensas, la autoexigencia o la sensación de vacío. Se trabaja con intervenciones más directas, hipótesis claras y un objetivo definido: comprender qué función cumple la conducta alimentaria problemática y cómo construir recursos emocionales más saludables. Esto permite alivio más rápido, sin perder profundidad clínica.


Reflexioná por un momento…

¿Cuándo fue la última vez que escuchaste lo que realmente sentís?
¿Cuándo te detuviste a preguntarte qué emoción hay detrás de ese impulso de controlar, evitar o desbordarte con la comida?

A veces, aquello que expresamos a través del cuerpo y los hábitos alimentarios habla más de nuestra historia emocional que de nuestro peso. La comida no es el problema: es la puerta de entrada a un mundo interno que busca ser comprendido.

Si sentís que llegó el momento de explorar tu relación con la comida desde un lugar más profundo, la psicoterapia puede ofrecerte un espacio seguro y acompañado para hacerlo. No tenés por qué atravesarlo sola.

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