¿Qué pasa cuando el embarazo no llega?
«¿Y para cuándo el bebé?»
«Ya es hora…»
«¿Y si se te pasa el tren?»
Son frases que muchas mujeres escuchan cuando tienen más de 35 años. A veces dichas con buena intención, pero que pueden doler profundamente cuando el deseo de ser madre choca contra la experiencia de la infertilidad.
Cuando el embarazo no llega, el cuerpo y el alma entran en una zona incierta. Inician los estudios, las consultas, los tratamientos… y con ellos, aparecen emociones complejas, silencios difíciles, y muchas veces, una sensación de estar «fallando».
Pero… ¿fallando qué?
¿Qué es lo que realmente duele en un proceso de infertilidad?
En psicoanálisis, no hablamos solo del cuerpo biológico. Hablamos del cuerpo simbólico: el cuerpo deseante, el cuerpo como territorio del proyecto, el cuerpo que sueña.
El deseo de ser madre no es solo un proyecto vital. Es un deseo profundo, cargado de historia, de representaciones, de fantasías de infancia. Cuando aparece la infertilidad, no es solo una dificultad médica: es un duelo simbólico que requiere ser elaborado.
¿Cómo impacta emocionalmente vivir un tratamiento de reproducción asistida?
1. La espera interminable
Las mujeres que transitan inseminación o FIV suelen describir un tiempo que se vuelve denso, como suspendido. La vida gira en torno al calendario del ciclo, a las hormonas, a los controles, a los test. La espera se vuelve un estado emocional constante.
2. La sensación de soledad
Aunque muchas estén acompañadas por sus parejas, familiares o amigas, el proceso puede sentirse profundamente solitario. No siempre se puede compartir el cansancio emocional que implica cada intento. A veces se oculta el tratamiento, se responde con evasivas. Y el silencio se vuelve otro síntoma.
3. El cuerpo como campo de batalla
Los pinchazos, los ultrasonidos, las esperas. El cuerpo empieza a ser intervenido, controlado, medicalizado. Muchas mujeres sienten que su cuerpo ya no les pertenece del todo. Se pierde la espontaneidad, se gana una rutina clínica que puede dejar marcas en la autoestima y en el deseo.
“La fertilidad no es solo un destino biológico, sino también una vivencia simbólica que se entrelaza con la historia singular de cada mujer.”
¿Qué ayuda emocionalmente durante el proceso?
1. Nombrar lo que duele
El dolor no siempre es físico. Poner palabras a la frustración, a la envidia, al enojo con el propio cuerpo, ayuda a no quedar atrapada en el malestar. La terapia puede ser un espacio vital para esto.
2. Crear red con otras mujeres
Muchas encuentran alivio en grupos o espacios virtuales donde otras mujeres comparten su experiencia con la infertilidad. Escuchar que no estás sola, que tus emociones no son “raras”, es una forma de sostenerse.
3. Sostener el deseo, aunque cambie la forma
A veces el deseo de ser madre se sostiene a pesar de todo. Otras veces cambia, muta, se redefine. Permitir esa transformación es parte del proceso subjetivo. La maternidad no siempre llega como una postal, y cada historia merece ser contada en su singularidad.
Preguntas frecuentes (FAQ)
¿Es normal sentirse triste o irritable durante un tratamiento de FIV?
Sí. Los cambios hormonales, sumados al estrés emocional, pueden afectar el estado de ánimo. Es importante reconocerlo y pedir acompañamiento si es necesario.
¿Cómo manejar los comentarios externos durante el proceso?
Muchas veces ayuda establecer límites suaves pero firmes: “Gracias por preocuparte, pero no quiero hablar de eso ahora”. También podés elegir con quién compartir y con quién no.
¿La psicoterapia puede acompañar este proceso?
Sí. La terapia ofrece un espacio para elaborar emociones, revisar fantasías, trabajar el duelo cuando es necesario, y acompañar el recorrido con sostén psíquico.
