Salud mental: amar, trabajar y construir la calma.

Salud mental: amar, trabajar y construir la calma.

Freud decía que la salud mental se mide por dos capacidades fundamentales: la capacidad de amar y la capacidad de trabajar. Es una de las frases más citadas en psicología clínica. Breve, contundente, difícil de refutar.
Pero hay un problema con las frases perfectas: a veces tapan lo que falta.

León Tolstói: el caso más elocuente
León Tolstói amaba a la humanidad entera. Escribió sobre el bien, la paz interior y el amor universal con una lucidez que todavía nos interpela. Trabajó hasta el último día de su vida —Guerra y Paz, Anna Karénina, décadas de producción literaria incesante.
Por la fórmula de Freud, Tolstói era un hombre mentalmente sano.
A los 82 años, en pleno invierno ruso, escapó de su casa de madrugada sin saber adónde iba. Murió diez días después en una estación de tren perdida en la región de Lípetsk. Solo. Huyendo de su propia casa.
Podía crear. No podía descansar.
Podía amar en abstracto. No en el desayuno de los martes.
La nota que le dejó a su esposa antes de huir decía: «Hago lo que los viejos de mi edad suelen hacer. Escapar de la vida mundana para vivir los últimos días en soledad y en silencio.»

Lo que la fórmula de Freud no incluye.

La salud mental no es un estado que se alcanza de una vez. No es un certificado que se obtiene cuando logramos amar bien y trabajar bien. Es un proceso, y ese proceso tiene una dimensión que Freud nombró poco: la capacidad de habitar la propia vida sin huir de ella.
Después de 15 años de trabajo clínico en consulta presencial y online, y de mis propios años de análisis personal, llegué a una conclusión que no encontré formulada así en ningún manual:

La salud mental también es la capacidad de construir la calma.

No la calma que aparece cuando todo está resuelto. Esa es fácil. Esa no requiere trabajo terapéutico.
La otra. La que se construye en medio del ruido.

¿Qué significa construir la calma?

En la práctica clínica, la calma construida se parece a esto:

Poder equivocarse sin que eso se convierta en una sentencia sobre quién sos.
Estar en una conversación sin estar ensayando mentalmente la próxima respuesta.
Que un domingo tranquilo no se sienta amenazante o vacío.
Tolerar la incertidumbre sin necesidad de resolverla de inmediato.
Que el cuerpo pueda bajar la guardia, aunque sea un momento.

No es ausencia de ansiedad. No es no sentir. Es tener un lugar interno desde donde procesar lo que ocurre sin que todo sea una emergencia.
Tolstói describió ese estado con belleza extraordinaria en su literatura. No pudo encontrarlo en su propia vida. La distancia entre saber algo y poder habitarlo es, exactamente, el territorio donde trabaja la psicoterapia.

El trabajo terapéutico como construcción
En mi consulta —presencial en Ciudad de la Costa y online para todo Uruguay y el exterior— no busco que la vida deje de doler. Busco que puedas encontrar ese lugar interno desde donde habitarla.
Amar. Trabajar. Y poder sentarte, aunque sea un momento, sin que todo se caiga.
Eso, para mí, es salud mental.
Si todavía no podés construir esa calma, no estás fallando. Estás en el punto de partida. Y de eso se trata la terapia: construirla juntos, a tu ritmo, desde donde estás.

¿Querés empezar?

Si esto resuena con algo que estás viviendo, podés escribirme. La primera consulta es un espacio para conocernos y ver si podemos trabajar juntos.

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